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Una mirada hacia el tablero político latinoamericano.

Recientemente, Suramérica ha convulsionado sobremanera. Desde la independencia de las metrópolis ibéricas, los pueblos de la región han venido construyendo con avances y retrocesos los diferentes Estados nación. Como todo proceso de gestación, le ha asistido un comportamiento pendular: desde la democracia o su variante enfermiza del populismo hasta el autoritarismo o su versión más radical: el totalitarismo. A los sistemas demoliberales los caracteriza el conflicto y la incertidumbre. Lo primero, porque están concebidos sobre el respeto de los derechos individuales; y lo segundo, por ser la democracia una construcción permanente, protagonizada por ciudadanos que enfrentan los desafíos y quieren dejar su impronta. 

Nos detendremos en los dos casos más sobresalientes: Chile y Bolivia. El primero logró una transición exitosa hacia la democracia. Los gobiernos de la etapa democrática de la Concertación utilizaron un sabio modelo de desarrollo, pues mantuvieron la institucionalidad de la economía de mercado que heredaron de Pinochet, pero aplicaron políticas sociales de modo que redujeron sustancialmente la pobreza y la pobreza extrema, así como en general, la calidad de vida de todos los ciudadanos. El Índice de Desarrollo Humano (IDH) y el Producto Interno Bruto (PIB) per cápita de acuerdo a la Paridad del Poder Adquisitivo (PPA) son aproximadamente de 0.832 y 23 507 USD respectivamente. ¡Espectaculares para la región! 

Chile está en mejor situación que cualquier otro país de Latinoamérica, para alcanzar la condición de país desarrollado. No pongo en duda, que haya que mejorar aspectos de los derechos económicos, sociales y culturales, pero me parecen desmedidas y de orientación antisistémica las protestas multitudinarias que se están llevando a cabo en ese hermano país. De seguro, la mano peluda del Foro de Sao Pablo y el Grupo de Puebla están apostando por abatir a la “Joya de la Corona”. Los demócratas debemos tomar nota y actuar en consecuencia. 

A Bolivia le ha resultado más trabajoso la consolidación del Estado nación, ya que posee una mayor fractura étnica y social. Evo Morales le dio estabilidad política, crecimiento económico e implementó unas políticas públicas que sacaron de la pobreza a cientos de miles de sus connacionales, pero el modelo económico implementado no es sustentable y por tanto estaba llamado a hacer aguas. Su peor desempeño fue en política doméstica y de relaciones exteriores. Existe un viejo refrán que plantea: dime con quien andas y te diré que careces. Sus socios del ALBA llevan más de 60, 40 y 20 años respectivamente ejerciendo el poder de forma autoritaria, con el consiguiente rosario de violaciones de derechos humanos. Su legitimidad se vio totalmente erosionada, cuando a pesar de haber perdido un referéndum promovido por él, donde pretendía convertirse en un candidato presidencial vitalicio, se presentó nuevamente a las elecciones. Se mantuvo 13 años y 9 meses en el trono y le parecía poco. A los demócratas cubanos nos parecía no tan malo, como contraste de lo que padecemos. 

Esa cañona e irregularidades electorales detectadas por la comisión de la OEA fueron la gota que colmó la copa. Eso es, 18 días de protestas cívicas en las calles y la negativa de la policía y el ejército a reprimir a los discrepantes, así como a no seguir a un caudillo que, además de tramposo, se presentó como imprescindible, hicieron su parte. Para haber logrado permanecer en el poder hubiera tenido que hacer lo que Daniel Ortega: matar a cientos de manifestantes, torturar y encarcelar a muchos. 

En esa hermana nación, es aconsejable mantener el cauce constitucional y convocar a elecciones generales, en el plazo de 90 días como establece la misma, una manera de otorgarle legitimidad al proceso reivindicativo. Para alegría mía, más que menos, en la región se ha fijado un sustrato cultural matizado por los valores y actitudes de la Democracia y la Libertad, eso salvó a Bolivia. 

En esta zona del mundo se da un debate entre dos tendencias divergentes: un Estado que asigna recursos a gran escala, posee la propensión de hacerse cargo de la infraestructura empresarial ya sea directamente o a través de un tutelaje subyugante donde la propiedad privada o cooperativa termina siendo nominal; y la otra es de liberalización de casi o todo el entramado institucional de la economía. La experiencia ha demostrado que el Estado es más racional en la consecución de un propósito, posee mayor capacidad de concentrar los recursos de un país en desarrollo en un proyecto determinado, etc. La otra es más zigzagueante, con frecuencia fracasan o quiebran diferentes negocios, pero desata unas fuerzas creativas, posee una flexibilidad adaptativa sin igual, es más competitiva y genera mayor productividad del capital y el trabajo, etc. La gran ventaja del segundo modelo no es lo que el Estado como empresario realiza, sino lo mucho que se crea por el sector privado fuera del mismo. 

Las políticas que terminan sofocando al sector privado y potencian el dirigismo, terminan en un fracaso, Cuba y Venezuela son un ejemplo elocuente. Evo Morales se orientó hacia el primero y de ahí su predecible fiasco. Repartir una renta excepcional y coyuntural lo hace cualquiera, pero cuando se acaba ésta, ¿qué nos permite seguir asumiendo un gasto público sostenido como: salud, educación, infraestructura, seguridad, administración de justicia y otros? 

A pesar de la inestabilidad que acusa la región, se ha logrado mucho, aun cuando existe un trecho que recorrer. Si lo analizamos en tiempo geológico, histórico o político nos damos perfecta cuenta que el desempeño hacia el progreso y bienestar ha sido exponencial. Por ejemplo, ¿Qué son 200 años, los de vida independiente de nuestras repúblicas, en comparación con los 13 800 millones del universo? 

Las fuerzas vivas prodemocracia que están al sur del rio Bravo deben aprender la lección definitivamente y organizarse para enfrentar el resurgimiento de regímenes de matriz autoritaria. Recordemos que en el mundo existe un pulseo entre la Libertad y la Opresión que, se ha definido en dos bloques de afinidades y acciones, lo cual tiene su expresión en la América nuestra. El peor problema lo tiene la nación cubana, pues desde la institucionalidad del totalitarismo, se le ha inoculado una suerte de VIH/SIDA, eso es, las defensas de la persona humana ante las arbitrariedades y carencias, han sido perturbadas. Eso no quiere decir que no nos vayamos a enrumbar en la dirección de la Libertad y la Democracia. ¡Hay que conquistarla! 

Librado R. Linares García, Sec, Gnral. del MCR.

2019-11-16T23:31:38+00:00