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Regreso a la otra cárcel: algunas impresiones

En un contexto como el nuestro, donde no hay respeto por la diversidad política, muchas personas aceptan como algo lógico que se denigre a quienes luchan por sus derechos

Cuba, Guantánamo
(Foto: Havana Times)

GUANTÁNAMO, Cuba. – Paul Joseph Goebbels creyó firmemente que una mentira repetida muchas veces se convertiría en verdad. Se desentendió de la frase de Abraham Lincoln que asegura que se puede engañar a todo el pueblo una parte del tiempo, a una parte del pueblo todo el tiempo, pero que no se puede engañar a todo el pueblo todo el tiempo.

La creencia “goebbeliana” ha anidado fuertemente en la ideología del castrismo. En un contexto como el nuestro, donde no hay respeto por la diversidad política, muchas personas aceptan como algo lógico que se denigre a quienes luchan por sus derechos. Así, los que desde el extranjero claman por un país democrático son, para esas personas, traidores; y los que escriben desde Cuba o allá para un medio de prensa contestatario, o se oponen pacíficamente a la dictadura, son vendepatrias, gusanos, mercenarios, etc.

Quienes usan cotidianamente esos calificativos también afirman que son tolerantes, que Cuba es un estado democrático, de derecho, y otras bonituras. Esos denuestos me los han lanzado los oficiales de la seguridad del estado cada vez que soy obligado a concurrir a sus “entrevistas”. A veces opto por callar. Se ocupan tanto en golpear y abusar de otros cubanos que no tienen tiempo para instruirse y ya se sabe que sin cultura es muy difícil sostener una conversación enriquecedora.

Desde que este “mercenario” y “asalariado del imperio” llegó a su casa el pasado 4 de septiembre no han cesado las muestras de solidaridad y cariño de amistades, ex compañeros de trabajo, colegas de la prensa, residentes en el extranjero y vecinos. No creo que un “enemigo del pueblo” pueda recibir tantas muestras de aprecio.

Desconozco mucho de lo que se publicó sobre mi caso, pero me ha impactado extraordinariamente lo que he visto y, sobre todo, la reacción de los vecinos de mi zona de residencia. He recibido más de lo que merezco. Eso ha ocurrido debido a la soberbia de un régimen que prefirió exonerar de responsabilidad penal al esbirro que me golpeó cobardemente y enviarme a prisión porque me negué a pagar la multa que me impusieron.

Al hacerlo me dieron una visualidad mediática que nunca busqué y sirvió para que importantes personalidades de la política cubana e internacional se pronunciaran por mi libertad y contra el despotismo castrista.

Muchas colas y represión

Cuba es el único país del hemisferio occidental que encarcela a ciudadanos por no usar mascarillas para protegerse contra la COVID- 19. También ha prohibido las fiestas e impuesto toques de queda.

Los comunistas invierten cifras multimillonarias en el Ministerio del Interior (MININT) y la Seguridad del Estado para reprimir a los cubanos. Esas cifras no se informan cuando la Asamblea Nacional del Poder Popular aprueba el plan anual del presupuesto del estado.

Los represores de la Seguridad del Estado en Guantánamo detienen a los opositores y los trasladan a las afueras de la ciudad, donde los golpean y los dejan desnudos o en calzoncillos, después de robarles los teléfonos y el dinero.

Aunque ninguna ley lo prohíbe, si alguien hace una foto a las colas, o a esas detenciones ilegales, puede ser detenido y privado de su teléfono móvil. ¡Así funciona nuestro “estado de derecho”!

Lamentablemente, a pesar de las medidas represivas adoptadas y del estado de sitio a que han sido sometidas La Habana y otros territorios del país, la COVID-19 no retrocede.

Alimentarse, algo que aquí siempre ha sido un problema, ahora es mucho más difícil. Las colas para comprar un paquete de pollo, jabones o detergente son interminables. Las carnes de cerdo, carnero y pescado están desaparecidas, al igual que muchos otros productos. Esa es una parte del panorama que he apreciado después de mi excarcelación.

Este viernes 11 de septiembre vi una aglomeración de personas frente a la Feria El Guararey, en el noroeste de Guantánamo, para comprar un módulo de galletas dulces, de sal y sirope, valorado en 144 pesos cubanos. Tuvo que venir la policía para controlar el orden.

¿Querrán robarnos a la Virgen de la Caridad del Cobre?

Como en otros años esperé el amanecer del 8 de septiembre junto con mi esposa y otros hermanos de la Iglesia Católica frente al mar, alrededor de una imagen de nuestra querida Virgen de la Caridad del Cobre.

Cuando llegamos a Tortuguilla había mucha oscuridad. Luego de colocar la imagen de la Madre de todos los cubanos muy cerca del mar comenzamos el rezo del santo rosario.

Estar al lado de hermanos de fe, escuchar cánticos y oraciones por todos los cubanos, por nuestra amada y sufrida patria, fue muy emocionante. Por la noche fui a la celebración en la catedral de Guantánamo, donde me reencontré con varios abrazos.

Allí supe de los insultos de Mariela Castro contra otros cubanos. Alguien me dijo que el señor Díaz-Canel habló sobre la Virgen en el noticiero del mediodía. ¿Será que quieren apropiarse de nuestra Madre como han intentado hacerlo con el 10 de diciembre? No me molestaría que lo hicieran si la reciben sinceramente, porque, si eso ocurre, se acabará el odio que el castrismo ha sembrado entre los cubanos, terminarán la represión y la discriminación. ¡Qué hermoso sería que por fin tuviéramos un país con todos y para el bien de todos! ¡Qué hermosa sería la congruencia entre las palabras y las acciones de los comunistas!

La dictadura llegó al absurdo de prohibir la venta de girasoles y convirtió al amarillo en un color sospechoso.

Todo eso lo pensé luego de ese día intenso que para mí fue el 8 de septiembre. Llegué de madrugada hasta el mar para poner a los pies de la Virgen mis miserias y limitaciones, para pedir por mí, por mi familia, por todos los cubanos, por la humanidad. Me aparté y lloré mientras escuchaba el Ave María. Recordé a Maggie Carlés.

Luego llegó el amanecer. Estoy absolutamente seguro de que algún día la frase dejará de ser simbólica.

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ACERCA DEL AUTOR

Roberto Jesús Quiñones Haces

Roberto Jesús Quiñones Haces

Nació en la ciudad de Cienfuegos el 20 de septiembre de 1957. Es Licenciado en Derecho. En 1999 fue sancionado de forma injusta e ilegal a ocho años de privación de libertad y desde entonces se le prohíbe ejercer como abogado. Ha publicado los poemarios “La fuga del ciervo” (1995, Editorial Oriente), “Escrito desde la cárcel” (2001, Ediciones Vitral), “Los apriscos del alba” (2008, Editorial Oriente) y “El agua de la vida” (2008, Editorial El mar y la montaña). Obtuvo el Gran Premio Vitral de Poesía en el 2001 con su libro “Escrito desde la cárcel” así como Mención y Reconocimiento Especial del Jurado del Concurso Internacional Nósside de Poesía en 2006 y 2008 respectivamente. Poemas suyos aparecen en la Antología de la UNEAC de 1994, en la Antología del Concurso Nósside del 2006 y en la selección de décimas “Esta cárcel de aire puro”, realizada por Waldo González en el 2009.

2020-09-15T20:06:23+00:00