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ECONOMÍA

Unificación monetaria en Cuba, ¿por qué ahora?

El Gobierno estaba esperando el momento perfecto… sí, para barrer sus propios desastres bajo la alfombra de un desastre mayor.

RAFAELA CRUZ
La Habana 
Miguel Díaz-Canel. Ilustración.
Miguel Díaz-Canel. Ilustración. DDC

Sobre la unificación monetaria y cambiaria la cuestión importante es comprender por qué ahora, algo imposible sin asumir una idea básica: la decisión nunca ha sido una cuestión económica, sino política. Las decisiones económicas del Gobierno cubano tienen siempre el objetivo de mantener el poder político, el cómo afecten a la población es importante, pero solo marginalmente.

Durante años las autoridades dilataron la decisión alegando que era muy difícil, pero si analizamos la lógica tras la “dificultad”, vemos que lo importante era que permanecieran escondidas las ineficiencias empresariales acumuladas. La unificación tendría como consecuencia expresar contablemente que muchas empresas estatales están quebradas, poniendo al Gobierno ante la disyuntiva de destinar presupuesto estatal a sostenerlas o de cerrarlas provocando despidos masivos.

Como el presupuesto estatal ya es deficitario, estas subvenciones se harían en base a aumentar déficit; es decir, gastando aún más de lo que se ingresa, lo que generaría una deuda que en el caso del Gobierno cubano, notorio mal pagador internacional, implicaría crear inflación, licuando el valor del dinero mediante expansiones monetarias.

No perdamos de vista que esto ya pasa, las empresas ineficientes están funcionando subvencionadas, solo que bajo cuerda gracias a los varios tipos cambiarios con que operan. Los ajustes contables tras la unificación mostrarían un mal que ya existe; o sea, no se estaría creando un mal nuevo. Sencillamente, el desastre que ellos han creado saldría a la luz, lo cual a corto plazo se reflejaría muy negativamente en el PIB.

Por lo tanto, la justificación de la dificultad no se sostiene, la verdadera razón es que la unificación iluminaría la burbuja escondida dentro de la madeja intencionalmente complicada que son nuestras Cuentas Nacionales, exponiendo el gran fracaso de 60 años de estatalización y lo injustificado de su mantenimiento.

No menos importante es que el sombrío panorama resultante poco ayudaría en la acuciante necesidad que tiene Cuba de mostrarse como un buen destino para los inversores extranjeros: nadie invierte en un país quebrado que no esté dando pasos serios para cambiar el modelo que lo llevó a esa situación.

Además, en política económica tenían un poderoso incentivo para no unificar: Mantener abierto el debate de la unificación, creaba la idea de que había margen aún para que la economía en su actual modelo prosperara. Se ha propiciado el siguiente razonamiento: “si la existencia de dos monedas es un pesado lastre, cuando al fin logren resolverlo —que no lo hacen porque debe ser muy difícil— nuestra economía avanzará”.

Este pretexto les ha valido para ganar tiempo y no hacer los imprescindibles ajustes eonómicos, manteniendo al público en la creencia de que el Estado no puede tomar medidas liberalizadoras de la economía, pues hasta que no se unifiquen las monedas todo lo demás es secundario. La unificación ha sido convertida en paso previo e imprescindible para lo demás.

Presentada la falsedad del argumento de la “dificultad” y explicadas las razones verdaderas de por qué no han hecho la unificación hasta el momento, queda saber por qué sí la van a hacer ahora, cuando estamos en la peor de las situaciones posibles económicamente hablando. Según el ministro de Economía, por un lado hay “niveles más bajos de actividad económica… y, por otro, un aumento de los gastos tanto en divisas como en moneda nacional, incluidas importaciones, para enfrentar la pandemia”.

Aquí es donde hay que tener muy presente que las medidas económicas en Cuba se toman según los intereses políticos del Gobierno, no según la conveniencia de la sociedad, y estar precisamente en un panorama económicamente tan complejo a nivel mundial es la coartada política perfecta para justificar una contracción del PIB, diluyendo el efecto de la unificación dentro de ese maremágnum de fatalidad universal.

Inocentes los que pensaron que el Gobierno estaba esperando un momento de gran bonanza económica: aumento de la productividad laboral, aumento de las exportaciones, mayor producción de alimentos o incluso un aumento de las remesas para acometer la unificación desde la fortaleza macroestructural, y poder socializar así las dificultades del proceso, que es lo que se espera haga un Estado socialista. Pues no, la realidad es que el Gobierno estaba esperando el momento perfecto, sí, el perfecto para barrer sus propios desastres bajo la alfombra de un desastre mayor.

Sintetizando, no unificaron antes porque no les convenía a ellos; sí unificarán ahora porque es el momento más conveniente para ellos. Lo que le pase al pueblo es mero efecto secundario.

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2020-10-16T17:27:33+00:00