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LA REBELIÓN DE LOS VEGUEROS: EL MONOPOLIO DEL TABACO, AYER COMO HOY
DIMAS CECILIO CASTELLANOS MARTÍ | 13 OCTUBRE, 2020

Martes de Dimas

El 21 de febrero de 1723 se produjo la primera rebelión campesina ocurrida en Cuba. Las causas y su relación con el presente es el objeto de las siguientes líneas.

La planta del tabaco pertenece al género “Nicotiana”, nombre que le imprimió Jean Nicot, quien la introdujo en la corte francesa. Pasado más de un siglo, el naturalista sueco Carlos Linneo (1707-1778), cuando publicó su Species Plantorum, le asignó al tabaco el nombre científico de Nicotiana tabacum.

El tabaco, originario de América del Sur, se extendió hacia el centro de México y mediante el comercio llegó a América del Norte. En Cuba, unos mil años antes de nuestra era, los aborígenes lo empleaban como medicina y en rituales religiosos. En uno de sus viajes a América, ayudantes de Cristóbal Colón, entre ellos Luis de Torres y Rodrigo de Jerez, lo llevaron a España, de donde pasó a Portugal y de ahí al resto de Europa. Un camino contrario al ganado y al café, que llegaron de España a América: el tabaco viajó de Cuba a España.

Las causas

En las proximidades de la Habana, a la orilla de los ríos surgieron vegas de tabaco, cuyo laboreo -imposible de ejecutar con mano de obra esclava por la delicadeza que exige su cultivo- fue realizado por los inmigrantes españoles, devenidos criollos, que dieron origen al campesinado cubano.

El aumento de su consumo en España generó una demanda que estimuló el crecimiento de su producción en Cuba, hasta devenir, entre fines del siglo XVII y primer cuarto del XVIII, la primera fuente de ingresos de la Isla.

La jerarquía de la Iglesia y los grandes conventos participaron en el fomento de su cultivo. En 1686 Diego Evelino y Vélez, conocido como el obispo Compostela, contribuyó a financiar la industria tabacalera con la red parroquial del occidente de Cuba; labor continuada por Jerónimo de Nostis y de Valdés durante el primer tercio del siglo XVIII.

El gobierno de la metrópoli, al tanto del negocio tabacalero, tomó la decisión de que Cuba fuera la principal suministradora de tabaco en rama para las fábricas, que desde 1620 se venían instalando en la península.

En 1708, Laureano Torres y Ayala, enviado como Gobernador de la Isla, trajo la misión de comprar anualmente hasta tres millones de libras de tabaco de la mejor calidad. Ocho años después, su sucesor, el Gobernador y Capitán General Don Vicente Raja, instrumentó el monopolio del comercio del tabaco: eliminó a los intermediarios e implantó un precio fijo para la compra. Finalmente, en 1717, el rey Felipe V institucionalizó el monopolio real, conocido como “Estanco del Tabaco”, y para efectuar las compras se fundó una Factoría General en La Habana con sucursales en Santiago de Cuba, Trinidad y Bayamo.

Los vegueros, los comerciantes y los priores de los Conventos, con el respaldo del Obispo Jerónimo de Nostis y de Valdés, se opusieron al estanco. A partir de ese momento los acontecimientos se desarrollaron en el siguiente orden:

El 21 de agosto de 1717, una vez fracasadas las gestiones pacíficas para eliminar el estanco, más de 500 vegueros armados penetraron en el poblado habanero de Jesús del Monte. Al día siguiente unos 900 entraron a la capital y rodearon el Castillo de La Fuerza, donde radicaba el gobernador y bloquearon los suministros. Al tercer día lograron que su demanda triunfara: el gobernador, el intendente de la factoría y los funcionarios del estanco fueron destituidos y embarcados rumbo a España.

El 23 de junio de 1718, el nuevo gobernador y Capitán general, Don Gregorio Guazo Calderón, acompañado de un contingente de tropas, reimplantó el estanco, cuyo aspecto más abusivo era comprar una cantidad fija a los vegueros y prohibir la venta del sobrante, aunque hubiese compradores locales.

En agosto de 1720, terminadas las compras fijadas, quedó una gran cantidad en manos de los vegueros, lo que complicó la situación. A ello se unió la demora de los funcionarios en pagar el tabaco comprado. En busca de una solución el clero regular se puso en contacto con un rico terrateniente de Guanabacoa, Don José Bayona y Chacón, para que actuara como intermediario. La mediación fracasó.

En 1723 se agravó la situación. Los vegueros amotinados en Jesús del Monte acordaron no vender el tabaco si no se les pagaban en efectivo, no hacer nuevas siembras y castigar a los que traicionaban el movimiento. El 18 de febrero de ese año, en Santiago de las Vegas y Bejucal, unos 900 vegueros armados dieron fuego a las casas y las cosechas de los que no acataron el acuerdo. En respuesta, el Gobernador dispuso una fuerza de caballería, compuesta de 200 hombres para someter a los rebeldes.

El 20 de febrero de 1723 los rebeldes que pretendían marchar sobre la plaza de La Habana, fueron atacados, con el saldo de 1 muerto, varios heridos y 11 prisioneros que fueron sentenciados a muerte y fusilados al amanecer del día 21. Sus cuerpos fueron colgados y exhibidos en la loma de Jesús del Monte, como advertencia a los campesinos que transitaban por esa vía rumbo a Guanabacoa, San Miguel del Padrón y Santiago de Las Vegas.

La relación con el presente

Después de 1959 el Gobierno revolucionario, a pesar de la experiencia histórica de los vegueros y anunciar la reivindicación del campesinado, monopolizó todo lo relativo al tabaco. Intentó producirlo con mano de obra asalariada y fracasó, movilizó estudiantes para esa labor y fracasó, creó las Unidades Básicas de Producción Cooperativa y fracasó, entregó tierras en usufructo y también fracasó.

A pesar de esos resultados negativos, de forma similar a como lo hacía España tres siglos antes, el gobierno limita a los vegueros al cultivo de la hoja y el estado se ocupa del resto de las operaciones hasta su venta a un precio determinado y les obliga a entregarle toda la producción, menos una libra por cada cien para consumo personal. Para compensar sus bajos ingresos, igual que hacían los vegueros en tiempos del estanco, muchos productores ocultan una parte de la cosecha para vender fuera de la ley a particulares.

Las consecuencias son las mismas de la época del estanco: disminución de la producción, en 1958 se cosecharon 58 202 toneladas; en el 2018 algo más de 30 mil toneladas; crecimiento de las ventas “ilegales”, la creación de un cuerpo de inspectores que aumenta la corrupción y la conversión de esos hábitos en cultura a través del tiempo.

La conclusión, dolorosa e injusta es que, la causa por la que murieron los vegueros de 1723, casi tres siglos después, se mantiene tal como si el tiempo se hubiera detenido en Cuba.

Dimas Cecilio Castellanos Martí (Jiguaní, 1943).
Reside en La Habana desde 1967.
Licenciado en Ciencias Políticas en la Universidad de La Habana (1975), Diplomado en Ciencias de la Información (1983-1985), Licenciado en Estudios Bíblicos y Teológicos en el (2006).
Trabajó como profesor de cursos regulares y de postgrados de filosofía marxista en la Facultad de Agronomía de la Universidad de La Habana (1976-1977) y como especialista en Información Científica en el Instituto Superior de Ciencias Agropecuarias de La Habana (1977-1992).
Primer premio del concurso convocado por Solidaridad de Trabajadores Cubanos, en el año 2003.
Es Miembro de la Junta Directiva del Instituto de Estudios Cubanos con sede en la Florida.
Miembro del Consejo Académico del Centro de Estudios Convivencia (CEC).

DIMAS CECILIO CASTELLANOS MARTÍ | 13 OCTUBRE, 2020

Martes de Dimas

  • ico del Centro de Estudios Convivencia (CEC).
2020-10-14T20:32:48+00:00