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ECONOMÍA

2021: el inicio del fin

RAFAELA CRUZ | La Habana

Lo normal al final de cada año es mirar hacia atrás buscando lecciones en los más relevantes sucesos de los últimos 365 días, pero, aunque el 2020 ha sido una debacle para una Cuba que tras sufrir 62 años de Castrovid-59 se encuentra ahora también azotada por la Covid-19, el 2021 se presenta aún más “emocionante”, por lo que es buen momento para mirar hacia delante.

Este año está signado por la Tarea Ordenamiento, una transformación radical del paradigma castrista de propiedad social y redistribución igualitaria que es convertido ahora —ya sin careta— en propiedad de quien gobierna y redistribución según rendimiento.

Pero estas notas no serán un análisis de la Tarea Ordenamiento en sí, sino del significado de que exista la Tarea Ordenamiento y del momento elegido para alumbrarla, donde se encuentran indicios que informan sobre la situación actual de la Isla y el Gobierno que padece.

Es sabido cuan críptico es el régimen cubano. Como poder totalitario violentamente sostenido, censura toda información que le muestre débil, por lo que conocer el verdadero estado de sus finanzas —para vislumbrar su estabilidad— es misión harto compleja y siempre aproximativa. Es más, teniendo en cuenta que hasta hace pocos días la contabilidad falseaba —24 veces más de lo que lo hace ahora— el valor de la moneda nacional, probablemente ni ellos mismos sepan con certeza el estado de la nación.

En el artículo “¿Se está acabando el castrismo? Lo que dicen las cifras” publicado en octubre pasado, se investigaron las cuentas internacionales —declaradas— del Gobierno cubano, concluyendo que a mediados del 2021 estaría sin liquidez, lo que significaba que debería haber bastante desesperación en la elite burocrática militar que rige el país.

Dos meses después de aquel artículo, en medio de la pandemia que ha provocado la crisis económica global más aguda de la historia moderna, con el comercio exterior abatido por la dependencia del intercambio con Venezuela, con el turismo deprimido, la agricultura en retroceso, las remesas reducidas, el inmoral alquiler de médicos bajo asedio internacional, deuda vencida impagada y sin saber cuándo habrá —si hay— un cambio en la política del enemigo del norte, la cúpula cubana va y emprende el movimiento social y económico de mayor calado de la historia revolucionaria.

¿Desesperación u oportunismo? La idea del oportunismo asalta desde lo sorprendente de que comiencen tales reformas en el peor momento económico del país, tras haber dilatado su inicio durante varios años.  ¿Sería que lo hacen ahora para culpar a la crisis sanitaria de un posible fracaso? No hay que descartar la idea, pues es compatible con la que parece más definitoria: el Gobierno cubano está desesperado y falto de opciones.

Un castrismo sin Fidel necesita legitimidad, algo que aquel supo sostener —no importa cuánto duela esa idea a los demócratas cubanos— a lo largo de todo su reinado. El Gobierno actual, por el contrario, necesita resultados. Su legitimidad y por ende su estabilidad a mediano plazo dependerán de los resultados económicos que obtenga, pues los esfuerzos de la Seguridad del Estado tienen límites.

Esta necesidad imperiosa de resultados económicos se ha equilibrado mucho tiempo con el natural conservadurismo de toda dictadura. Mientras el castrismo encontró alternativas exteriores, mantuvo la economía interna sin grandes cambios para garantizar así su poder sobre la sociedad. De ahí se deduce que emprender la Tarea Ordenamiento —un cambio económico tan radical— indica que se agotaron las opciones externas y por primera vez desde 1959, el Gobierno quiere —porque necesita— que la economía interna sea productiva y pueda sostener al país, o al régimen, que en su mentalidad elitista es lo mismo.

Hasta aquí hay dos ideas que creemos reúnen suficientes indicios para considerarlas muy factibles: emprender la Tarea Ordenamiento muestra la falta de opciones internacionales y la necesidad de “virarse hacia dentro” económicamente hablando del castrismo; hacerlo en el momento más inoportuno muestra la desesperación del Gobierno.

Objetivamente, las posibilidades de que la Tarea Ordenamiento funcione son, para decirlo finamente, muy escasas. En su contra conspiran desde la temida —y más que posible— hiperinflación a la pandemia o 60 años de desidia laboral de los cubanos. Es importante entender, muy importante, que el propio Gobierno —que es malvado, pero no estúpido— también sabe esto.

Pero el Gobierno —sin opciones hacia lo externo y desesperado financieramente— tenía dos alternativas. La primera era avanzar hacia la liberalización de la economía, algo que hasta hoy se ha negado a hacer. La segunda era emprender un plan lo suficientemente ambicioso como para ser creíble —de paso rezaban a ver si funcionaba— y ganar tiempo a la expectativa de lo que pasará fundamentalmente con Biden, pero también con Maduro, con Putin y con el presidente chino.

Como era de esperarse en un gobierno enemigo de la libertad, escogió la segunda alternativa y lanzó la ya archiconocida Tarea Ordenamiento.

¿El efecto camelo del Ordenamiento durará más de un año? ¿Cambiará lo suficiente el contexto internacional como para que el castrismo encuentre otro mecenas? De la respuesta combinada de las anteriores preguntas se obtendrá la duración de la agonía del castrismo, al que parece no le quedan trucos en la chistera y cuando esto falle tendrá que comenzar a abrir —esta vez en serio— la economía, lo que según la reticencia que ha mostrado para hacerlo, el castrismo mismo considera que es un peligro mortal para el sistema.

Si esto acontece durante el año 2021, titulado por la obediente Asamblea Nacional de Cuba como “Año 63 de la Revolución”, quizás este termine pasando a la historia rebautizado como “Año del inicio del fin”.

2021-01-13T19:14:41+00:00